Santorini, el volcán y el atardecer

Fira. Santorini, Grecia

Parece mentira que ya haya pasado un año desde la luna de miel. Creo que la razón por la que me tomé tanto tiempo en contarles sobre cada lugar al que fuimos y cada cosa que vimos en Santorini es porque no quería dejar de recordar. Cada vez que me senté a escribir este post volvía a recordar esos días y terminaba con una sonrisa pero sin más que una oración escrita. Además, a veces parece que las palabras y las fotos no les hacen justicia a los lugares maravillosos que hay en el mundo.

Firostefani y Oia a lo lejos. Santorini, Grecia

Para cuando llegamos a Santorini, nuestro último destino en esas tres semanas viaje, ya estábamos un poco cansados, así que decidimos rendirnos a los pies del viento y la lluvia que nos dieron la bienvenida y dormir tres horas de siesta sin remordimientos. A la noche, ya más descansados, caminamos desde el hotel hasta el centro de Fira bordeando la Caldera para cenar, y al día siguiente exploramos Fira y Firostefani mientras la lluvia nos dejaba.

Burros en Santorini, Grecia

Así fue como nos cruzamos con nuestro primer “taxi” estilo Santorini: un señor con varios burros de tiro que se dedican a acarraear turistas cansados (y/o perezosos) que ya no quieren subir y bajar a pie las callecitas escalonadas de la isla. A pesar de ser una foto pintoresca y de que nos dijeran que los animales están acostumbrados y se vienen usando para transporte de carga hace siglos, a nosotros nos dio un poco de pena por los pobres animales y nos limitamos a movernos por nuestros propios medios.

Patio de Santorini

Otra curiosidad de Santorini son las casas y hoteles que parecen tallados en la roca volcánica, colgados de los acantilados. Cuando caminás por Firostefani u Oia, lo hacés por callecitas super angostas flanqueadas por construcciones. Y todo es tan chiquito y apretado que podés ver los patios de las casas y las piletas de los hoteles a un metro de distancia. Es el paraíso del voyeurista, en serio. Además dan ganas de mirar, realmente, porque cada lugar es único e interesante.

Akrotiri, Playa Roja. Santorini, Grecia

En nuestro segundo día finalmente salió el sol, así que temprano caminamos hasta la estación de ómnibus de Fira, desde donde salen transportes hasta todos los lugares importantes de Santorini. Ese día teníamos planeado hacer las playas de colores. A la mañana la Playa Roja, y a la tarde la Playa Negra. Akrotiri, la Playa Roja, es chiquita y si no llegás temprano puede estar llena de gente. Si bien no es una playa en la que podrías quedarte todo el día, es ROJA! Y ya con eso tenés la excusa para visitarla. Nos quedamos un rato sentados a la sombra del acantilado (una vez que se me pasó el miedo a que me cayera una lluvia de rocas en la cabeza) mirando el mar hasta el mediodía.

Kamari, la Playa Negra. Santorini, Grecia

Después de almorzar un sandwich en un puesto al costado del camino, tomamos el ómnibus de vuelta a Fira, porque teníamos que buscar ahí uno que nos llevara a Kamari, la Playa Negra. Esta vez no quisimos alquilar auto porque los caminos de Santorini son sinuosos y la mayoría a orillas de acantilados, y después del incidente de Paros con el auto, no quisimos arriesgarnos. Además los colectivos salen muy seguido y las distancias son cortas, así que no se pierde mucho tiempo en viaje entre un lugar y otro.

Piedras de colores de Kamari Beach. Santorini, Grecia

A diferencia de Akrotiri, la playa en Kamari es mucho más extensa y con más comodidades. Además, una vez que te das cuenta que la playa no es solo negra, te podés pasar todo el día buscando piedritas de colores! 😉 En Kamari hay muchos hoteles, restaurantes y negocios, y es una muy buena opción para quedarse también, si preferís tener la playa cerca.

Fira desde el agua. Santorini, Grecia

Para nuestro último día en Santorini, decidimos hacer una excursión al volcán Nea Kameni que terminaba al caer la tarde en Oia, para ver el famoso atardecer desde ahí. Como siempre, vas a encontrar opiniones encontradas sobre este tipo de excursiones. Nosotros elegimos hacerla porque, al no tener mucho tiempo disponible, resultaba una buena opción para hacer varias cosas en un día que de otra forma tal vez hubiera sido imposible.

Santorini desde el volcán

La visita al volcán es interesante si nunca tuviste la oportunidad de estar parado en medio de uno. Tal vez lo más impresionante fue ver cómo salía humo de azufre de entre las rocas y sentir el calor que subía de la tierra. Además de las vistas de la isla que se tienen desde ahí, claro.

Aguas termales volcánicas en Santorini, Grecia

La segunda parada del tour fue en las aguas calientes y sulfurosas de las termas que se forman al pie del volcán. Esta es realmente una parte del paseo que hubiésemos obviado. El barco para a unos 100 metros de “pileta” de agua termal y tenés que nadar hasta ahí en el mar helado. Una vez que llegás, te encontrás con un agua oxidada y caliente que no es para cualquiera. Si te preocupa no ver qué hay más allá de tu cuello y el agua sucia te impresiona, recomiendo quedarte tranquilo en el barco, tomando sol y una cerveza… ojalá alguien me hubiera avisado a mí antes!

Barcos pesqueros en Thirassia. Santorini, Grecia

Thirassia desde el agua. Santorini, Grecia

Por suerte, la parada a almorzar es mucho más linda. Thirassia es la isla que está detrás del volcán y, como Santorini, formó también parte de él antes de su erupción. Está habitada principalmente por pescadores y se puede visitar después de almorzar, si es que todavía quedan fuerzas para subir los interminables escalones desde el puerto hasta el pueblo. También se puede subir a lomo de burro, pero como dije antes, esa no era una opción para nosotros.

Caminando por las calles de Oia, Santorini

Después de comer y disfrutar un rato de la paz de Thirassia, subimos de nuevo al barco para llegar a nuestro destino final: Oia, el pueblo de las cúpulas azules y los atardeceres de las fotos. Ahora, voy a ser totalmente honesta: Oia es tan linda como sobre poblada de turistas. Turistas desesperados por sacar una foto del atardecer. Lo mejor es salir un rato de las callecitas atestadas que dan a la caldera y ver el “lado B”. Los edificios que fueron afectados por el terremoto de 1956 que, aunque derruidos, siguen siendo hermosos, y muchos de ellos fueron reconstruidos. El resultado es una mezcla de destrucción y conservación teñida de distintos colores pastel increíble.

Edificios de Oia, Santorini

Ruinas del Castillo de San Nicolás en Oia, Santorini

Volviendo al área más conocida de Oia, hay que pasar aunque sea un ratito por las ruinas del antiguo castillo veneciano de San Nicolás. Lo más recomendable es hacerlo a la tarde temprano, antes de que los fotógrafos que vienen de todo el mundo por el atardecer empiecen a montar sus cámaras uno encima del otro. Ahí admirás la vista panorámica del pueblo, sacás un par de fotos, y seguís.

Restaurante de Oia, Santorini

Como les conté antes, el pueblo es una especie de laberinto de casitas, hoteles y restaurantes. Si mirás para abajo mientras caminás, seguro ves algo interesante y lindo: una pileta que sale directamente desde dentro de un hotel sobre la caldera, un restaurante aterrazado cubierto de Santa Ritas o la cúpula de una iglesia brotando del suelo.

Molinos de viento en Oia, Santorini

Molino de viento en Oia, Santorini

Caminando por esas callecitas laberínticas mientras escapábamos del castillo que se iba llenando de gente, encontramos el lugar perfecto para esperar el atardecer. La terraza de un bar divino a los pies de un molino de viento. Nos sentamos, pedimos una de las mejores cervezas que tomamos en nuestras vidas y nos quedamos un rato ahí, absorbiendo la belleza de todo y sintiéndonos agradecidos de poder estar ese lugar.

Atardecer en Oia, Santorini

Creo que no podríamos haber tenido una mejor despedida de Grecia y de la luna de miel. Sin dudas volveríamos a hacer el mismo viaje otra vez, aunque hay tantos lugares increíbles en el mundo que nos gustaría conocer que tal vez tengamos que dejarlo para el aniversario de 25 años de casados. Quién sabe, ojalá podamos!

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